DISOCIACIÓN Y SOMATIZACIÓN
(Re)conectamos el corazón y la mente
La disociación es un concepto complejo a nivel teórico. Poniéndonos las gafas de la psicología, existen diferentes corrientes que lo abordan. Por ejemplo, desde el Psicoanálisis, cuando este proceso psicológico se ha mantenido mucho en el tiempo ante diversos eventos que generan sufrimiento, se habla más de consecuencias en la personalidad. Sin embargo, quiero centrarme en un enfoque más comprensible para ti con el fin de que pidas ayuda si te ocurre, tratando de que puedas entender que cuando una mente pone en marcha este mecanismo de defensa, se puede estar protegiendo de un material que el cerebro necesita más recursos para reprocesarlo de los que evalúa que tiene. Cuando este proceso deja de ser funcional, es cuando se activan síntomas que hay que tratar en psicoterapia para ayudar a esa mente a digerir lo que necesite.
Te muestro un breve ejemplo: en un accidente de coche, el conductor que puede tener mucho miedo porque en el momento en el que el otro turismo está impactando contra él, su cerebro se hiperactiva, mandándole mensajes para que se proteja, tratando de atacar a la amenaza de ese vehículo que va directo contra su parabrisas. Como no hay absolutamente nada que esa respuesta de lucha que está mandando su mente a su cuerpo pueda hacer para protegerse de ello porque le va a impactar de todas todas, al no poder tampoco huir de ese momento porque no le da tiempo a salir del coche, su cerebro decide congelarse y disociarse naturalmente como mecanismo de protección. En este caso, esta congelación puede pasar por bloquearse y no asumir lo que está ocurriendo, «apagándose» (su cerebro se hipoactiva) y «olvidando» lo ocurrido. Hasta aquí, este mecanismo de defensa emocional del cerebro del conductor del que estamos hablando, que puede haberse alargado poco tiempo, es funcional: como no puede defenderse de la amenaza, se congela y disocia hasta que el entorno del conductor sea seguro (si sobrevive, claro). Tras este momento de disociación y dando por hecho que nuestro protagonista supera con vida ese evento, podemos tratar de simplificar algunas consecuencias como las siguientes:
- Si nos imaginamos que el conductor se encontraba en su ciudad de origen, al llegar al hospital y estar con su familia en un contexto tranquilo y seguro, su cerebro vuelve a un nivel de activación tolerable y basal, por lo que puede liberar el dolor del evento traumático: llora, comienza a hablar subiendo el tono de voz, a sudar, a temblar y recordar lo ocurrido, su «ataque» queda «resuelto» y ya no hay amenaza. Es decir, la respuesta de miedo y el evento se reprocesa en la mente del conductor.
- Pero si nos imaginamos que el conductor se encontraba en un país que no era de origen, que se despierta en un hospital que no conoce, solo, sin ninguna persona familiar, y sin reconocer el idioma, los resultados pueden ser diferentes. Se siente aturdido, vuelve la respuesta de miedo, también abandonado y triste, por lo que su cerebro ha vuelto a hiperactivarse, aunque cuando los médicos le dicen ese mismo día que se ha recuperado físicamente del accidente y vuelve a su país, todo queda en el pasado y su mente lo coloca en un lugar inconsciente. Sin embargo, meses más adelante, al ver en las noticias un accidente de tráfico en su barrio, empieza a sentir ansiedad en su pecho, que se acelera su pulso, su mente se nubla por momentos y experimenta varios días sensaciones extrañas, como si le costase estar conectado con la realidad, aunque sin prestarles atención suficiente porque tampoco son sensaciones muy abrumadoras a veces. Algunos de estos síntomas pueden ser disociativos [nublarse, desconectase de la realidad…], que activaría su mente para continuar protegiéndole de nuevo del dolor del evento traumático que vivió (aunque la amenaza no esté ni sea la misma) y no pudo reprocesarse (aunque ya no sean funcionales) y, otros, serían síntomas que su mente necesita liberar del propio evento traumático [ansiedad en el pecho, aceleración del pulso y ritmo cardíaco…]; ¡su cuerpo y mente le estarían «pidiendo» a través de este malestar que preste atención al dolor para resolverlo y sanar esa herida emocional!
En psicoterapia, puedo ayudarte a (re)conectar tu cuerpo con tu mente desde la seguridad y el cariño, liberando lo que tu cerebro necesite a través de tu corazón, y volviendo a hacer tus mecanismos de defensa funcionales para que puedas vivir mejor en el presente, y dejar de vivir en el pasado.
Algunos síntomas que avisan que tu cerebro puede necesitar ayuda son:
- Sensación de estar DESCONECTADO de tus emociones, por ejemplo, que te cueste sentirlas con claridad.
- Estar desconectada de tu mundo, por ejemplo, te es complicado estar presente y prestar atención a las conversaciones con tus amigas o tu familia.
- Tener un sentido NUBLADO de tu identidad y de ti mismo, por ejemplo, tener dificultades para reconocer tu forma de ser o actuar.
- Afrontar con dificultad momentos de estrés, por ejemplo, sintiéndote continuamente cansada o APÁTICA.
- Pérdidas de MEMORIA significativas, por ejemplo, no recordando episodios o momentos importantes de tu vida.
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Cuadros DEPRESIVOS, ANSIOSOS, o distímicos (cambios intensos en tu apetito, más problemas de sueño de lo habitual, menos energía de lo habitual, menos autoestima o dificultad para concentrarte).
Mi cuerpo, ¿me habla, o me grita?
Son numerosas las ocasiones en las que el malestar emocional se presenta mediante síntomas en el cuerpo y, una vez que se descarta un origen orgánico, es cuando las personas acuden a psicoterapia sin comprender por qué algo en su cuerpo tiene que ver con sus emociones. Nuestro cuerpo es sabio y es quien nos «porta» a lo largo de nuestra vida, por ello, nos habla continuamente para avisarnos de lo que, en ocasiones, tratamos de ignorar en nuestra mente, y si no, siempre nos grita.
Si te ocurre esto, y notas síntomas como los siguientes, puedo ayudarte con ellos:
- TEMBLORES.
- FATIGA.
- Problemas GASTROINTESTINALES.
- Pérdida o aumento de SENSIBILIDAD.
- Sensaciones físicas EXTRAÑAS.
- DOLORES de cabeza de todo tipo.
- Dolor en general, como en la espalda, el pecho o articular.